La cuestión aquí es que los tuyos todavía me enceguecen. Después de meses aún iluminan el lugar donde nos encontramos, la mesa donde tomamos el té. Si hasta la camarera te sonríe con pudor. Todavía logran hacerme estallar en mil colores y es cuando vos decís que brillo. Sí, ya se, a nosotros nos gusta el negro, but still…
Todavía creo que tu sonrisa es como aquella versión de ese cuadro de Klimt hecho con piedras que vi en el paseo y hubiera querido dedicarte. Todavía intento, pero no logro definirte ni compararte.
Estuve frecuentando ciertos lugares que solíamos recorrer. Algunos cambiaron bastante: la casa de saldos con libros y vinilos en el Paseo Colonial cerró, aquella otra donde solíamos pasar la tarde ya no tiene nada interesante, el bar del galpón ahora es una extensión de la feria y la cafetería se cae a pedazos.
¿Por qué cada vez me obligo a empezar de nuevo?
Cancelar todo eso es cancelar también los recuerdos, los sentimientos.
Es, de alguna manera, cancelarte.
Borrar tus indicios en mis textos.
Cerrar los ojos para que no me veas.
Me alegra que vos también brilles, que no te haya ganado la sombra.
Sólo espero no encontrarte tan seguido entre mis cosas.




