11.3.07

Crónicas en sueños

III


Suenan las campanas de la puerta, alguien entra al negocio.

Me despierto traspirada, trato de poner en orden mis ideas. Trix. Prix. Drix. Vix. [Sigo aturdida]. Mientras dibujo, trato de recomponer los retazos del sueño. No puedo evitarlo, sigo la espiral y rayo la almohada del hostel.

Yo era él. Era eso. No entendía por qué me llevaban hacia aquel lugar que parecía una pulpería de campo. Esperábamos algo, o a alguien. El joven que me custodiaba tenía la mente débil y por eso era tan fácil de manipular. Estaba muy inquieto y me vigilaba de reojo, como si supiera que no debía dejarse captar por mi mirada; hasta que no pudo más y me miró de frente.

En ese momento su espíritu fue mío, volví a sentirme el hombre más grande y también bestia. Un impulso animal, inconmensurable en mi instinto me embriagó y ya no pude reconocerme como ser humano.

¿Y qué significaban esas palabras? No sé de dónde salieron, no lo sé, ni siquiera pude reconocer el idioma. Comencé a hablarle y, por el tono de mi voz, pienso que estaba dándole una orden o alguna especie de comando.

Gkavob inferitu galov nefericire
Ne ischil dli elde nova
Nasim du slovka venje
Ixschilz vix tse ndelx
Slvaldj vej dnajdej.


A cada dictado, él repetía; y cada vez sus pupilas dilatadas mostraban terror y a la vez entrega. Como un juramento, siguió repitiendo frase por frase cada una de mis palabras. Y entonces, supe que estaba prometiéndome lealtad eterna.

Qué horrible acto. Qué aberración de la naturaleza sería mi ser en realidad. Al verlo y darme cuenta, salí corriendo del lugar y dejé a mi esclavo-zombie abandonado a su suerte. Una bestia en un cuerpo de hombre, corriendo apoyado en mis cuatro extremidades, como el ser inclasificable en el que me estaba convirtiendo. Pero mi apariencia no dejaba ver el monstruo que llevaba dentro. El cambio era tan interno, tan profundo. Desde el abismo de mi ser, dejé surgir el gruñido que no podía dominar y mi yo humano se horrorizó ante él.

El pueblo se reúne a mis espaldas. Suenan las campanas.

7 comentarios:

SaKi dijo...

lealtad eterna o esclavo zombie? no me decido por cual de las dos cosas son mas lindas..

Petra von Feuer dijo...

Ahh, puta madre, nena. Esto esta MUY bueno. Espeluznante también. Me encantó.

PabloF dijo...

La maldicion del hombrelobo, tan antigua, tan espeluzante como solo la puede contar el que la vive en carne propia. Todos tenemos a una bestia interna, encadenada por años de autocontrol y conductas aprendidas, que seria de nosotros sin un orden y los valores eticos morales que condicionan nuestra conducta. Caos, anarquia, el apocalipsis y la segunda venida de Cristo...

Excelente relato Vic, tenes la sangre de Lovecraft...

Johnny Cash: "And I heard a voice in the midst of the four beasts. And I looked and behold, a pale horse. And it's name it said on him was Death. And Hell followed with him."

aleZombie dijo...

Mujer-lobo? no sé, yo conosco muchas que una vez que creen que tienen el control total, huyen. Lo de la bestia interior, tiene que ver con eso, es dificil dosificar la maldad antes de convertirse en monstruo.

Mun dijo...

"Nefericire" me suena ...

Vic dijo...

Claro que te suena, es rumano, es la única palabra que de hecho existe de todas las cosas que puse ahí...

Ortega (mun, obvio) dijo...

"Nefericire" este o parola foarte draguta si frumoasa, prietena ...