
LLegó Iansañ a revolverlo todo. Entró por la ventana. Me había sentido incomodada por el viento desde que me instalé en ese departamento, me llamaba la atención el ímpetu y lo intempestuoso de sus apariciones, llevándose postales, cartas y puertas por delante.
Me tendí en la cama y apareció ella. Voló papeles y fotos, cerró las persianas, estampó la puerta. Oscureció el ambiente, espesó el aire. Me recordó un pedido de hace algunos meses, y recién ahí entendí su presencia. Había estado todo el tiempo conmigo, yo la había llamado.
Una alabanza, un baile... se que cuando el viento cese los cambios habrán terminado.