2.9.26

Del árbol

Una flor asoma en el limonero
al oír tu voz
y en el agua del deshielo
de mi heladera
por debajo de la puerta
tu reflejo.

Me consagro desnuda boca abajo
para proteger mi plexo
mil veces invadido
por tus manos.

Algún día volveré al mar
con el recuerdo de la persona
que pensé que sería
y las escamas de mis piernas
ya no serán un problema
pues no voy a regalarle
de mi carroña
a los espíritus
que se regocijan
en la miseria.

Las puertas que yo abro
se cierran sobre sí mismas
o resultan ser puertas giratorias
que elevan al infinito
los 360 grados.

Termina la espera
en el final de un sahumerio.

Podré salir tras mi alma 
si canta el Benteveo.

No hay comentarios.: